Por décadas, los satélites, drones y observadores humanos han desempeñado roles en la vigilancia y el reconocimiento de la guerra. En una época donde los gadgets del consumidor conectados a internet son abundantes, las fuerzas armadas ahora tienen un conjunto poderoso de ojos: cámaras de seguridad hackeables instaladas fuera de casas o en calles de ciudades, dirigidas hacia posibles objetivos de bombardeo.
El miércoles, la empresa de seguridad de Tel Aviv Check Point reveló investigaciones que detallan cientos de intentos de hacking contra cámaras de seguridad de consumo a lo largo del Medio Oriente—muchos aparentemente sincronizados con los recientes ataques de misiles y dron de Irán. Estos esfuerzos de secuestro de cámaras sugieren que las fuerzas armadas iraníes han intentado usar cámaras de vigilancia civiles como medio para identificar objetivos, planear los ataques o evaluar el daño causado por sus operaciones.
Irán no sería el primer en adoptar esta táctica; según informó The Financial Times, Israel accedió a casi todas las cámaras de tráfico de Teherán con apoyo del CIA. En Ucrania, las autoridades han advertido durante años que Rusia ha hackeado cámaras de vigilancia civiles para dirigir ataques y espía movimientos de tropas—mientras hackers ucranianos se aprovechan de cámaras rusas para vigilar a sus propias tropas.
Exploitar la inseguridad de las cámaras civiles conectadas a internet está convirtiéndose en parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas armadas: un medio barato y accesible para obtener ojos sobre un objetivo a miles de kilómetros de distancia. Según Sergey Shykevich, quien dirige el estudio de inteligencia de amenazas en Check Point.